La joven enfermera exige justicia en Ecatepec; su agresor sigue libre pese a haberla dejado en coma
La historia de Wendy Hernández es la de un milagro, pero también la de una profunda injusticia. Esta joven enfermera no solo sobrevivió a un ataque brutal con un cuchillo a manos de su esposo, Pedro “N”, sino que ahora debe enfrentarse a un sistema que parece haberle dado la espalda. “Me dijo que no merecía vivir”, recuerda Wendy, cuyas cicatrices físicas son el testimonio mudo de una noche de terror en el fraccionamiento La Guadalupana, en Ecatepec.
Un ataque frente a testigos silenciosos Lo más indignante del caso, ocurrido el pasado 10 de marzo, es que la agresión sucedió bajo el techo de sus suegros y en presencia de la madre, el hermano y la tía de su esposo. Según el relato de la víctima, mientras ella se asfixiaba con su propia sangre en el suelo, su familia política simplemente cerró la puerta, dejándola a merced del atacante.
El abandono y el miedo a desaparecer La crueldad no terminó con las puñaladas. Aunque sus suegros la llevaron al hospital, la dejaron ahí en calidad de desconocida, sin avisar a sus padres. Wendy pasó cuatro días en coma, temiendo en sus últimos instantes de conciencia que, si moría, su cuerpo sería arrojado a un canal para ocultar el crimen. Hoy, aunque ha sido dada de alta, su salud es delicada: tiene daños severos en el hígado, riñones, pulmones y tráquea.
Justicia que no llega:
- Impunidad total: A pesar de la gravedad de las heridas y la denuncia por tentativa de feminicidio, Pedro “N” (quien también es enfermero) sigue libre y sin orden de aprehensión.
- Minimización del caso: Wendy denuncia que las autoridades en Ecatepec intentaron calificar el ataque simplemente como “lesiones”, ignorando la clara intención de matarla.
- Vivir con miedo: “No puedo salir con seguridad ni yo ni mi familia”, lamenta la joven, quien teme que su esposo regrese para cumplir su amenaza.


El caso de Wendy es un llamado urgente a la Fiscalía del Estado de México. No basta con sobrevivir a un feminicida; el Estado debe garantizar que la sobreviviente no tenga que cruzarse con su verdugo en la calle mientras espera una justicia que, hasta ahora, se siente ausente. ( imágenes de TeleDiario )














