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La misión de la Iglesia: un compromiso de compasión y servicio activo

El Padre Isaac Cortés reflexiona sobre la responsabilidad de los fieles ante la necesidad de anunciar el Reino de Dios en la comunidad.

​En la reciente misa dominical celebrada en la parroquia Santiago Apóstol, el Padre Isaac Cortés destacó que la misión de la Iglesia se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la compasión y la acción. Según el sacerdote, la Iglesia no puede ser una institución pasiva, sino un cuerpo activo que camina unido. La verdadera compasión, explicó, va más allá de sentir lástima, pues implica mirar al otro a los ojos, reconocer su dignidad como persona y evitar la indiferencia ante el sufrimiento de los enfermos o de quienes solicitan ayuda, superando así la tendencia a evadir las necesidades ajenas.

​El Padre Cortés enfatizó que la autocompasión y el victimismo personal nos alejan del camino espiritual trazado por Jesús. En su mensaje, subrayó que la compasión debe dirigirse hacia el prójimo, tratando a los demás como Cristo lo hace. Esta postura es indispensable para que el barco de la Iglesia pueda avanzar y cumplir con su objetivo principal: anunciar el Reino de Dios, curar a los enfermos y liberar a las personas de aquello que reduce su dignidad humana.

​Para lograr esta misión, el sacerdote señaló que la oración es el requisito indispensable. Citando la tradición de “ora y labora”, recordó que el trabajo apostólico requiere tanto de la intercesión como del servicio activo. La Iglesia, sostuvo, necesita pastores y líderes que guíen al pueblo, pero también necesita de discípulos formados que aprendan del maestro para después convertirse en apóstoles enviados a proclamar la instauración del Reino de los Cielos.

​Asimismo, el Padre Isaac hizo un llamado a entender que el llamado de Dios tiene un carácter tanto personal como comunitario. La fe no se vive en aislamiento; el ser humano, por naturaleza, necesita de los demás. Siguiendo las enseñanzas del magisterio actual, el sacerdote invitó a los fieles a ser una Iglesia en salida, con puertas abiertas, donde la comunidad ayude a cada individuo a ser más humano y a fortalecer el camino de la fe compartida.

​Finalmente, el Padre Cortés advirtió que la misión depende directamente de la respuesta generosa de cada persona. Aunque todo es gracia, aclaró, es necesaria la libertad y la voluntad humana para actuar. Si el corazón está cerrado por heridas o egoísmo, el propósito no se cumple. Concluyó recordando que, así como hemos recibido dones gratuitamente de Dios, es nuestra responsabilidad compartirlos con los demás de la misma manera.

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