El gobierno busca frenar la reproducción descontrolada de una especie invasora que amenaza el ecosistema; la medida genera una profunda división entre ambientalistas y autoridades.
Lo que comenzó en la década de los 80 como un capricho exótico del narcotraficante Pablo Escobar se ha convertido, décadas después, en una de las crisis ambientales más complejas de Colombia. Este lunes, el Ministerio de Ambiente firmó un protocolo histórico que autoriza la eutanasia para unos 80 hipopótamos, marcando un punto de no retorno en la gestión de estos gigantes territoriales que hoy dominan el río Magdalena.
La decisión de la ministra Irene Vélez llega tras años de debates éticos, científicos y sociales, intentando equilibrar la protección de la biodiversidad nativa con el respeto a la vida animal.

Un plan de “última instancia”
A pesar de la autorización, el Gobierno fue enfático: la caza y el sacrificio no son la primera opción. El protocolo establece que la eutanasia solo se aplicará cuando métodos no letales, como la esterilización o el traslado a otros países, resulten inviables.
Sin embargo, el tiempo se agota. Los científicos advierten que, si no se interviene ahora, para el año 2030 Colombia tendrá una población de 500 ejemplares, lo que desplazaría por completo a especies locales como el manatí y la tortuga de río.
El protocolo de despedida:
- Eutanasia química: Se atraerá a los animales con alimento a corrales para inmovilizarlos con dardos y aplicarles una inyección letal.
- Eutanasia física: En casos necesarios, se utilizarán rifles de alto alcance por tiradores certificados, buscando un impacto directo en el cráneo para evitar el sufrimiento innecesario.
- Disposición final: Los cuerpos serán enterrados en fosas profundas o cremados para evitar riesgos sanitarios.

¿Por qué no simplemente trasladarlos?
Muchos se preguntan por qué no enviarlos de regreso a África o a santuarios. La realidad es que, desde 2023, Colombia ha buscado países dispuestos a recibirlos, pero no ha obtenido ninguna respuesta positiva.
Además, la esterilización es un proceso sumamente complejo: cuesta cerca de 9,800 dólares por animal y conlleva riesgos altos de muerte debido a la reacción de estos mamíferos de tres toneladas a la anestesia.
Una comunidad y un país divididos
La medida no ha caído bien en todos los sectores. En Puerto Triunfo, los habitantes ven a los hipopótamos como parte de su identidad y un motor del turismo. Por otro lado, la senadora animalista Andrea Padilla calificó la decisión como una “matanza de criaturas saludables”, víctimas de lo que considera una negligencia estatal de años.
El riesgo real: Los hipopótamos no tienen depredadores naturales en Colombia. Ya se les ha visto caminando por calles y carreteras, y su agresividad territorial representa un peligro latente para los pescadores y familias que viven a las orillas del Magdalena.
Con un presupuesto de 1.7 millones de dólares, el plan comenzará a ejecutarse en el segundo semestre del año. Colombia se enfrenta ahora al reto de gestionar esta herencia del narcotráfico de la manera más humana y responsable posible, buscando salvar un ecosistema que se ahoga bajo el peso de una especie que nunca debió estar ahí.














