La celebración de la Cena del Señor marca el inicio de los días principales de la Semana Santa con un llamado al servicio
Con la misa de la Cena del Señor celebrada este 2 de abril, la Iglesia inició formalmente el Triduo Pascual. Durante la homilía, se explicó que estos días representan el memorial del amor absoluto, diseñado para purificar a los creyentes y elevarlos por encima del individualismo egoísta que suele encerrar a las personas en sus propios intereses.
En el mensaje se destacó que el sacerdocio ministerial cobra sentido únicamente a través de la amistad fraterna y el servicio directo al prójimo. Se recordó que la identidad del sacerdote está ligada a la entrega de sí mismo para el bienestar de toda la comunidad, manteniendo la fidelidad al mandato de permanecer presentes para los demás.



Un punto central de la jornada fue la advertencia sobre el ejercicio del ministerio sin humildad. Se señaló que quien no se dispone a servir a sus hermanos corre el riesgo de volverse un simple funcionario de culto o un repetidor de gestos vacíos. El lavado de pies se establece así como el ejemplo fundamental de cualquier vocación religiosa.
La celebración también conectó la tradición histórica de la pascua con la realidad actual, instando a los fieles a vivir en una actitud de salida constante. Se enfatizó que la eucaristía debe ser el alimento que brinde la fortaleza necesaria para que el cristiano abandone la pasividad y cumpla con las misiones que se le presentan cada día.
Finalmente, se exhortó a la comunidad a formar una familia que practique la caridad y la justicia frente a la violencia o la indiferencia del entorno. Al iniciar estos tres días de reflexión, el objetivo es que el amor al prójimo trascienda lo teórico y se convierta en acciones concretas que ayuden a quienes más lo necesitan.













