El artista puertorriqueño pasó cuatro días en Antioquia con los sobrinos nietos del capo; se llevó libros originales y negocia una colección que superaría el millón de dólares.
La figura de Pablo Escobar, a más de tres décadas de su muerte, sigue ejerciendo una extraña y polémica atracción en la cultura popular. Esta vez, el protagonista de un nuevo episodio de “narcocultura” es el cantante Anuel AA. El puertorriqueño no solo visitó tierras colombianas por placer, sino que se sumergió en las entrañas de la historia del Cartel de Medellín para ampliar su colección personal de objetos históricos pertenecientes al que fuera el hombre más buscado del mundo.
Una visita privada en Guatapé
Anuel AA aterrizó en Antioquia y se trasladó al municipio de Guatapé, donde fue recibido por Nicolás y Daniel Escobar Cadavid, nietos de Roberto “El Osito” Escobar y sobrinos nietos del capo. Durante cuatro días, el intérprete de “Real hasta la muerte” recorrió las sedes del museo La última caleta, propiedades que en su momento pertenecieron al clan Escobar y que hoy funcionan como exhibiciones de la vida privada y delictiva de la familia.
Acompañado por el también artista RobGz, Anuel mostró un interés particular por piezas que no están al alcance del público general. Al finalizar su estancia, el cantante regresó a Puerto Rico con libros originales y diversos artículos de la familia, pero este es solo el inicio: se rumorea que volverá pronto para cerrar una negociación por una colección exclusiva que podría superar el millón de dólares.

Los herederos de la historia
Nicolás y Daniel, los anfitriones de Anuel, son hijos de Nicolás Escobar Urquijo, uno de los pocos sobrevivientes de la cruenta guerra entre los carteles de Medellín, Cali y “Los Pepes”. Tras años de vivir en el anonimato y el exilio en España, los hermanos decidieron regresar a Colombia para recuperar y exponer los objetos de su tío.
“Mi vida en la actualidad la dedico a que las personas conozcan la historia desde nuestra verdad como familia”, declaró Daniel Escobar.
Para ellos, el apellido Escobar es motivo de orgullo y una marca que han aprendido a monetizar, atrayendo a celebridades que, como Anuel o el rapero Drake —quien recientemente pagó 75 mil dólares por una gorra de Pablo—, ven en estos objetos un símbolo de poder y estatus dentro del género urbano.
El coleccionismo de lo prohibido
Esta compra no es un hecho aislado en la vida de Anuel AA, quien en repetidas ocasiones ha manifestado su gusto por coleccionar artículos de personajes históricos controvertidos. Sin embargo, la adquisición de estas reliquias reaviva el debate sobre la romantización de la violencia en la música y cómo los restos de una época que desangró a Colombia se han convertido en mercancía de lujo para las estrellas del momento.
Mientras las autoridades mantienen bajo la lupa las finanzas y propiedades que aún quedan del antiguo imperio, Anuel AA parece decidido a poseer una parte del mito. En el mundo del reguetón, parece que el “oro” ya no solo se lleva en el cuello, sino también en las estanterías llenas de historias oscuras.













