Prestanombres o familiares de Ancira podrían estar detrás de las firmas que figuran como posibles compradoras
El caso AHMSA llegó a un punto de quiebre. Mientras cientos de obreros salieron a la carretera exigiendo justicia después de casi tres años sin salarios ni liquidaciones, en los escritorios del Juzgado Segundo de Distrito el panorama no es distinto: el concurso mercantil está plagado de omisiones, descuidos y operaciones mal integradas que exhiben un manejo deficiente por parte del síndico Víctor Manuel Aguilera Gómez.
El acuerdo emitido el 21 de noviembre desnudó con frialdad quirúrgica los errores que podrían derribar ventas ya autorizadas. Las inconsistencias no son menores: el síndico presentó propuestas de enajenación sin incluir documentos obligatorios que por ley deben acompañar cualquier operación para garantizar transparencia. No se anexaron las declaraciones bajo protesta de dos empresas compradoras —Química Magna y MagIron LLC— sobre posibles vínculos con la quebrada AHMSA o sus administradores. Sin esos documentos, la ley es clara: la venta es nula.
La jueza fue categórica: el síndico tiene tres días para subsanar los faltantes o enfrentará una multa, pero más grave aún, las operaciones serán anuladas. En otras palabras, semanas de trabajo, negociaciones y trámites quedarían en ceros por una falta básica de cumplimiento.
Las omisiones no se detienen ahí. El juzgado también procesó inconformidades de acreedores que exigen claridad y legalidad en un expediente que parece crecer sin orden. Luis Alfonso Lozano se apersonó para reclamar notificaciones, acceso y transparencia. Banca Afirme impugnó directamente la autorización de venta del 50% de Línea Coahuila-Durango. Y desde Saltillo, un tribunal laboral notificó un nuevo adeudo a un extrabajador, recordando que los créditos laborales son intocables.
Todo esto ocurre mientras el expediente ya rebasa tantos documentos que la jueza ordenó abrir un nuevo tomo: el número LVI, una señal del tamaño del caos institucional que rodea a AHMSA.
Lo que debería ser un proceso ordenado para rescatar y liquidar adecuadamente a una empresa histórica terminó convertido en un laberinto donde cada día aparecen omisiones, errores y decisiones incompletas. Y en medio de ese laberinto, miles de familias dependen de que el síndico haga su trabajo con precisión… algo que, hoy por hoy, sigue quedando en duda.













