En Santiago Apóstol, el padre Néstor Martínez recordó que Jesús busca a los alejados, la Iglesia trabaja para reunir a sus hijos y Dios siempre espera con los brazos abiertos, animando a los fieles a redescubrir su lugar en la comunidad católica.

Durante la misa dominical en Santiago Apóstol, el padre Néstor Martínez conmovió a los fieles al explicar que las parábolas de Lucas siguen un ciclo: primero hay armonía, después pérdida, luego arrepentimiento o encuentro, y finalmente, la restauración del equilibrio. Ejemplos claros son la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo.
Martínez recordó que estas parábolas nacen como respuesta de Jesús a los escribas y fariseos, quienes lo criticaban por comer con publicanos y pecadores. Con ellas, Jesús reveló la grandeza del Padre celestial, rico en misericordia, y mostró que su misión es tender la mano a quienes más lo necesitan.
El sacerdote explicó que Jesús es el buen pastor que busca sin descanso a la oveja perdida, representando el amor que persigue a los descarriados. Destacó que la Iglesia, como la mujer que busca la dracma, trabaja incansablemente para encontrar a los bautizados alejados mediante misas, oraciones y acciones pastorales cercanas.
Incluso mencionó la digitalización de registros de bautismo en la parroquia para ubicar y animar a quienes dejaron de participar. Recordó que ser bautizado es pertenecer a una comunidad viva, llamada a compartir la fe. Como el padre de la parábola, Dios siempre espera el regreso de sus hijos.
La homilía cerró invitando a los presentes a reflexionar si se sienten llevados por Jesús sobre sus hombros, abrazados por el Padre misericordioso y realmente en casa dentro de la Iglesia. Con un ambiente de recogimiento y esperanza, los fieles se pusieron de pie para proclamar juntos el Credo, reafirmando su fe.













