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NGU: Nadie quiere invertirle a AHMSA, mentiras, saqueo e impunidad la llevaron a la quiebra

El dirigente minero señala que la corrupción de la era Ancira dejó una planta en ruinas y advierte que el desmantelamiento es ya una amenaza real.


COAHUILA. – La crisis que mantiene en vilo a la región centro de Coahuila ha escalado a un tono de condena absoluta. Napoleón Gómez Urrutia, líder del Sindicato Nacional Minero, ha puesto el dedo en la llaga al asegurar que el desplome de Altos Hornos de México (AHMSA) no fue un accidente financiero, sino un acto de rapiña ejecutado desde las oficinas de su directiva.

Para el senador, lo que hoy enfrentan miles de familias en Monclova es el resultado de una gestión encabezada por Alonso Ancira, a quien acusa de haber drenado sistemáticamente la riqueza de la empresa hasta dejarla convertida en un cascarón vacío de acero y deudas.

La anatomía de una traición industrial

Gómez Urrutia fue tajante al explicar cómo se operó el hundimiento de la que alguna vez fue la siderúrgica más importante de América Latina. Según su visión, la falta de inversión en mantenimiento y modernización fue la consecuencia directa de un desvío de capitales que nunca benefició a la producción.

“Se empeñaron equipos, se pidieron créditos que nunca regresaron a la empresa. Fue un saqueo, una corrupción que arrastró a trabajadores, proveedores y a toda una región”, denunció el líder sindical, subrayando que el daño no fue solo económico, sino moral.

El espejismo de la reactivación

A lo largo de los últimos meses, los obreros de AHMSA han vivido en un ciclo constante de promesas incumplidas. Gómez Urrutia sostiene que los anuncios de supuestos inversionistas y planes de rescate fueron utilizados como una cortina de humo para ganar tiempo mientras el patrimonio se seguía evaporando.

“Les hicieron creer que se iba a salvar, que iba a reabrir, y no era cierto. Los manipularon, les dieron una esperanza falsa mientras la situación se agravaba”, afirmó.

Esta manipulación, asegura el senador, ha desgastado el tejido social de una ciudad que depende casi por completo de la chimenea de la siderúrgica, hoy apagada y bajo la sombra del óxido.


Un panorama estéril para nuevos capitales

Al abordar la posibilidad de que un nuevo dueño tome las riendas, el diagnóstico del dirigente minero es desolador. La combinación de deudas astronómicas y maquinaria obsoleta ha convertido a AHMSA en una inversión de altísimo riesgo que pocos, o nadie, están dispuestos a asumir.

El senador cuestionó seriamente la viabilidad de atraer capital fresco cuando el pasivo laboral y fiscal es tan profundo. Advirtió que, bajo estas condiciones, es prácticamente imposible que alguien inyecte los cientos de millones de dólares necesarios solo para que la planta vuelva a respirar.

“¿Quién va a llegar con 400 o 500 millones de dólares a invertir en una empresa en estas condiciones y con un futuro incierto? Es muy difícil”, advirtió.

El riesgo del desguace definitivo

La mayor preocupación de Gómez Urrutia es que el destino final de la siderúrgica sea el desmantelamiento. Alertó que, si no se detiene la inercia actual, los acreedores comenzarán a cobrar sus deudas mediante la venta de activos por piezas, lo que significaría el fin de la industria en la zona.

“Si comienzan a vender por partes las instalaciones, sería sepultar a Altos Hornos de México. No sería la misma planta ni con los mismos trabajadores. El daño es profundo y estructural”, sentenció con severidad.

Finalmente, el líder minero insistió en que el gobierno y las autoridades judiciales deben poner en el centro de la discusión a los trabajadores, quienes han sido las víctimas colaterales de este esquema de impunidad.

“Son ellos los que están pagando el precio del engaño, del saqueo y de la corrupción. Lo mínimo es garantizarles justicia”, concluyó Gómez Urrutia, dejando en claro que el caso de AHMSA es ya uno de los capítulos más oscuros de la historia industrial del país.

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