Tras dos siniestros en menos de un mes, la Secretaría de Educación estatal confirmó el traslado de alumnos ante el temor de los padres; exigen que la petrolera asuma el costo y la logística de las nuevas instalaciones.
La cercanía entre la educación y la industria petrolera ha llegado a un punto de ruptura en Tabasco. Tras los recientes incendios registrados en la Refinería Olmeca, la secretaria de Educación del estado, Patricia Iparrea, anunció que la reubicación de los estudiantes que asisten a planteles colindantes es ya una prioridad, aunque dejó claro que la carga operativa y financiera recae sobre Petróleos Mexicanos (Pemex).
El miedo se instala en las aulas
La exigencia no es menor. Padres y madres de familia de instituciones como el jardín de niños “Agustín Melgar” y la primaria rural “Abías Domínguez Alejandro” han vivido semanas de angustia. El incendio del pasado 17 de marzo, que lamentablemente cobró la vida de cinco personas, fue el detonante para que la comunidad escolar dijera “basta”.
“Es una decisión de la empresa de Petróleos Mexicanos, que se tiene que hacer responsable”, sentenció Iparrea ante los medios, subrayando que la instrucción viene directamente de la presidencia de la República para garantizar la integridad de los menores.

Más allá del fuego: El aire que respiran los niños
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha declarado que mediciones atmosféricas no muestran riesgos inmediatos, el reporte de los padres en la zona de Dos Bocas cuenta una historia distinta. Mucho antes de los incendios, las familias ya denunciaban:
- Olores persistentes: Emanaciones constantes de químicos e hidrocarburos.
- Afectaciones físicas: Casos recurrentes de alergias, ojos llorosos y escurrimiento nasal en los alumnos.
- Incertidumbre: Poca claridad sobre los protocolos de evacuación en caso de una emergencia mayor.
Pemex, el encargado de la mudanza
Para calmar los ánimos, se informó que ya se ha donado un predio al ayuntamiento destinado a la construcción de los nuevos planteles. Sin embargo, la Secretaría de Educación fue enfática: Pemex debe acondicionar y levantar estos espacios. Mientras tanto, se han ofrecido lugares alternos tanto al norte como al sur de la zona actual para integrar a los niños, dejando la decisión final en manos de los tutores.
La mudanza de estas escuelas representa un hito en la relación de la refinería con su entorno. No se trata solo de mover ladrillos y pupitres, sino de reconocer que la convivencia entre la vida comunitaria y la explotación energética de alto impacto requiere de una distancia que el sentido común, y ahora la presión social, han terminado por imponer. La seguridad de la próxima generación, al parecer, no puede esperar al próximo peritaje.










