Psicólogo advierte sobre un profundo desapego emocional y rasgos narcisistas en el comportamiento del socorrista El caso del socorrista Elías Antonio Hernández Flores ha sacudido a la comunidad tras el abandono de su propio hijo en un contenedor de basura en Castaños. Al analizar esta conducta, el psicólogo Juan Armendáriz señaló que, aunque no se puede emitir un diagnóstico definitivo sin una evaluación clínica, el sujeto presenta comportamientos que sugieren un trasfondo complejo. Según el experto, es posible identificar rasgos de una personalidad narcisista, acompañados de mitomanía y una marcada disonancia cognitiva, donde existe una contradicción evidente entre lo que el individuo piensa, dice y hace.

El comportamiento del socorrista durante los hechos reveló una faceta preocupante, marcada por la mentira y la falta de remordimiento. Armendáriz subrayó que el sujeto mintió por completo al intentar justificar su actuación, mostrando una disonancia emocional que le permitió alejarse de la realidad del acto cometido. Esta conducta aparentemente mitómana, sumada a una falta absoluta de empatía, sitúa al individuo en un escenario de deshumanización donde no hubo el menor rastro de sensibilidad ante la vida de su propio hijo.
La frialdad del relato es escalofriante, pues el especialista enfatiza que el sujeto mostró «cero empatía» ante el sufrimiento de su propio primogénito. Esta desconexión afectiva es el punto más alarmante de su perfil; al tratar al neonato como un objeto ajeno, el socorrista demostró una carencia total de los instintos humanos básicos de protección y cuidado. Esta ausencia de vínculo afectivo es, a ojos del psicólogo, una prueba clara de una estructura emocional desarticulada, incapaz de reconocer al otro como un ser humano.
En este escenario, el análisis preliminar sugiere que tanto el hombre como la madre actuaron con alevosía y ventaja, movidos por una despreocupación total hacia la integridad del menor. Según Armendáriz, ambos padres se mantuvieron completamente ajenos a la responsabilidad de la paternidad y maternidad, operando en un vacío emocional donde el lazo sanguíneo perdió cualquier significado. Esta ajenación ante el acto de traer una vida al mundo revela, según el experto, una desconexión profunda con cualquier intención de ejercer un vínculo afectivo real con el recién nacido.
El impacto de este suceso nos obliga a cuestionar qué ocurre en la mente de quienes, ante el llamado de la vida, deciden responder con el desprecio absoluto. Mientras las autoridades avanzan en la investigación, el perfil trazado por el psicólogo nos deja ante un espejo oscuro: el de un individuo capaz de ignorar la existencia de su propio hijo para proteger su propia narrativa. La sociedad ahora espera que se haga justicia por un pequeño que, desde el primer momento de su vida, fue privado de lo más básico: el amor y la protección de quienes le dieron la vida.













