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El fin de una tregua de cinco años: El kilo de tortilla se prepara para subir en Monclova

El encarecimiento de la harina y los costos de operación obligan a las tortillerías locales a ajustar sus pizarras; se estima un incremento de hasta dos pesos para la próxima semana.


En las calles de Monclova, el aroma a maíz recién cocido viene acompañado estos días de una noticia que nadie quería escuchar, pero que muchos ya intuían. Tras casi cinco años de haber mantenido el precio del kilo de tortilla en 30 pesos, una estabilidad que parecía un milagro frente a la inflación, los productores locales han llegado al límite de su resistencia financiera.

En la esquina de las calles Ocampo y Ramos Arizpe, el sentir de los comerciantes es el mismo. Fátima Blanco, encargada de una tortillería en este sector, explica con la claridad de quien lleva las cuentas diarias que el precio actual se ha vuelto simplemente insostenible. No es una decisión tomada a la ligera, sino el resultado de una presión económica que viene apretando desde hace meses.

El peso de los insumos

La razón principal de este ajuste no es otra que el aumento en los bultos de harina de maíz. Aunque un incremento de 10 pesos por bulto podría parecer menor para un consumidor individual, para un negocio que procesa toneladas de insumo, la cifra se vuelve astronómica al final del mes.

Pero el maíz no viaja solo. A este incremento se le suma una “cadena de gastos” que no da tregua:

  • El flete: El transporte de la materia prima es cada vez más caro.
  • Empaques: El papel y las bolsas de plástico han registrado alzas constantes.
  • Mantenimiento: La electricidad y refacciones para la maquinaria también han subido.

Un aumento inminente y parejo

Ante este panorama, los industriales de la masa y la tortilla proyectan que para la próxima semana el kilo suba entre uno y dos pesos. Aunque legalmente el precio de la tortilla está liberado y cada dueño puede fijar su costo, la asociación local busca que el ajuste sea uniforme para no afectar la competencia leal.

De hecho, algunas tortillerías de la ciudad ya se han adelantado marcando los 32 pesos en sus mostradores. “Hemos intentado aguantar lo más posible para no golpear el bolsillo de nuestros clientes, pero el ajuste ya es urgente”, comenta Blanco.

La resignación de la clientela

Lo más sorprendente de esta transición ha sido la respuesta de los ciudadanos de Monclova. Lejos de la sorpresa, la mayoría de los clientes parecen recibir la noticia con una mezcla de comprensión y resignación. Tras media década con el precio congelado, el consumidor monclovense entiende que el costo de la gasolina y la canasta básica han subido tanto que era cuestión de tiempo para que “el alma de la mesa mexicana” también lo hiciera.

La próxima semana, cuando los habitantes de Monclova acudan por sus tortillas calientes, se encontrarán con una nueva realidad en el tablero de precios. Una realidad que marca el fin de una era de estabilidad y el inicio de un nuevo esfuerzo compartido entre quienes producen y quienes consumen el alimento más sagrado de nuestra dieta.

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