Tras cuatro décadas formando generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras, Marta Elena Guerra Treviño se convierte en la persona más longeva en obtener un doctorado en la Universidad Nacional; su siguiente meta: estudiar herbolaria.
Para muchos, los 89 años son sinónimo de descanso y memorias. Para Marta Elena Guerra Treviño, esa edad representa el cumplimiento de un sueño que guardó en el tintero durante tres décadas. Con una sonrisa que ilumina su hogar, Marta Elena celebra hoy no solo un título, sino la victoria de la tenacidad sobre el tiempo: acaba de doctorarse en Pedagogía por la UNAM.
“Es una satisfacción increíble lograr una meta fijada hace treinta años”, comenta con la vitalidad de quien apenas comienza. Su historia con la Universidad Nacional es una de amor y persistencia. Aunque deseaba entrar desde joven, la vida la llevó por otros rumbos hasta que, a los 42 años —cuando muchos consideran que su formación ha terminado—, decidió inscribirse en la licenciatura en Letras Inglesas.
Una vida marcada por los libros y la familia
Marta Elena creció entre el piano y los idiomas. Estudió en Estados Unidos y Canadá, donde descubrió su amor por el francés, pero al regresar a México a los 18 años, se enfrentó a la burocracia: sus estudios en el extranjero no eran válidos aquí. Lejos de rendirse, dio clases gratuitas en un colegio de monjas a cambio de que la dejaran cursar el bachillerato.
Su camino académico floreció mientras criaba a sus cuatro hijos. Estudiaba de noche y de madrugada, aprovechando el silencio de la casa para avanzar en sus tareas. Se tituló de la licenciatura a los 46 años con mención honorífica y, apenas tres meses después, la UNAM le abrió las puertas como docente, una vocación que ejerció con pasión durante 40 años.
“La Facultad de Filosofía y Letras se convirtió en mi segundo hogar”, recuerda con afecto, evocando los pasillos de la biblioteca y aquellos cubículos estrechos donde compartía conocimientos y forjaba amistades que aún conserva.

El doctorado: Un triunfo compartido entre mujeres
La jubilación, lejos de apagar su chispa, le dio el tiempo necesario para enfrentar su último gran reto académico. Motivada por demostrarse a sí misma que podía dar un paso más, Marta Elena enfocó su tesis de doctorado en la institucionalización del Departamento de Lenguas (DELEFyL), el lugar que fue su casa laboral por décadas.
A pesar de las dificultades tecnológicas (“no soy muy ducha para la computación”, admite entre risas), contó con el apoyo de una red de mujeres —colegas, sinodales y su asesora Ileana Rojas— que la impulsaron hasta el final. El pasado 8 de abril, rodeada de flores y de su familia, recibió el grado que la consagra como un ejemplo de vida para toda la comunidad universitaria.

¿Qué sigue para una doctora de 89 años?
Marta Elena Guerra Treviño es una “puma” de corazón que no entiende de pausas. Tras alcanzar la cima académica, ya tiene la mirada puesta en un nuevo horizonte.
“Voy a estudiar herbolaria”, afirma con total seguridad. “Ya me realicé en lo que quería, ahora esto es por puro gusto, para ver si puedo ayudar a los demás a que no tomen tanta pastilla”.
Su historia nos recuerda que nunca es tarde para volver a las aulas, que el título más importante es el que uno se otorga a sí mismo al no rendirse, y que, mientras haya curiosidad, el aprendizaje es un manantial que nunca se agota.













