Crece la preocupación por el impacto de la IA en los niños
El vertiginoso avance de la inteligencia artificial generativa está abriendo un intenso debate en los hogares sobre el futuro de la infancia. Una reciente encuesta realizada por Talker Research reveló que el 73% de los adultos considera que la creatividad es hoy más importante que nunca para las nuevas generaciones. Sin embargo, el estudio expone un profundo temor en los padres: al 35% de ellos le preocupa que el uso excesivo de estas herramientas tecnológicas termine por limitar el pensamiento independiente y la imaginación autónoma de sus hijos.
El informe deja al descubierto una marcada brecha generacional en la percepción del riesgo digital. Mientras que una tercera parte de los padres ve con recelo el impacto de la IA, solo el 22% de los niños y adolescentes comparte esa preocupación. Esta desconexión se repite en el ámbito profesional, donde el 30% de los adultos teme que la inteligencia artificial se convierta en un rival directo para sus hijos en el mercado laboral del futuro, un miedo que solo afecta al 21% de los menores, quienes ven la tecnología de una manera mucho más natural.

Frente a este panorama, los expertos señalan el valor de las creaciones físicas y el trabajo en equipo dentro de la casa como el mejor antídoto para mantener activa la mente de los niños. El sondeo destaca que cuando los pequeños realizan proyectos con sus propias manos, son un 68% más propensos a querer exhibirlos con orgullo en el hogar y un 46% más propensos a conservarlos, encontrando en el esfuerzo manual y el reconocimiento familiar un fuerte estímulo para su desarrollo emocional que ninguna pantalla puede replicar.

Por otro lado, datos de Pew Research Center confirman que la presencia de los chatbots en las tareas escolares y el entretenimiento ya es una realidad masiva, pero advierten que existen límites claros en la educación familiar. Aunque la mayoría de los padres aprueba que sus hijos usen la IA para buscar información o editar videos, casi el 80% rechaza tajantemente que los menores recurran a la tecnología en busca de consejos o apoyo emocional, consolidando la idea de que el acompañamiento humano sigue siendo insustituible.













