Mientras en algunas regiones el kilo se mantiene estable, en el norte del país el costo se dispara, obligando a las familias a ajustar su presupuesto básico ante la falta de un control uniforme.

Para millones de mexicanos, la tortilla no es un lujo, es la base de la alimentación y el termómetro real de la economía familiar. Sin embargo, hoy ese termómetro marca temperaturas muy distintas dependiendo de la calle o el estado donde se compre. A pesar de que no existe un aumento oficial autorizado por las autoridades, el precio del kilo de tortilla se ha convertido en un auténtico rompecabezas que oscila entre los 18 y los 35 pesos.
Esta disparidad ha encendido las alarmas, pues mientras el Gobierno Federal hace llamados constantes a evitar incrementos injustificados, la realidad en las tortillerías de barrio cuenta una historia de presiones económicas locales que el consumidor final termina pagando.
El norte, la zona más castigada
La brecha de precios es abismal. De acuerdo con un recorrido realizado por diversos estados, el punto más crítico se localiza en Hermosillo, Sonora, donde el kilogramo ha alcanzado los 35 pesos, el costo más alto registrado en todo el país.
Pero no es un caso aislado de carestía extrema. En otras regiones, el panorama es igualmente complicado:
- Tijuana, Baja California: El precio ronda los 30 pesos.
- Región Lagunera y Guerrero: Diversos establecimientos han ajustado sus costos hasta alcanzar la barrera de los 30 pesos.

¿Por qué sube si no hay “permiso”?
Aunque no hay una instrucción oficial de alza, los productores suelen señalar factores como el costo del transporte, el precio del gas y la luz, además del maíz, como razones para ajustar sus pizarras. Sin embargo, el hecho de que en estados del centro del país se pueda conseguir aún en 18 pesos evidencia una falta de uniformidad que confunde y golpea al ciudadano.
El gobierno ha sido enfático en que no hay justificación para estos saltos tan drásticos en el precio. No obstante, para las familias en el norte y sur del país, el llamado a la “solidaridad” de los comerciantes suena lejano cuando tienen que decidir cuántos kilos menos llevar a la mesa para que el dinero alcance hasta el fin de quincena.
Un llamado a la vigilancia
Ante esta situación, la recomendación para los consumidores sigue siendo la comparación de precios y la denuncia ante las autoridades de protección al consumidor si se detectan abusos desmedidos. Mientras tanto, la tortilla sigue siendo el recordatorio diario de que, en México, comer lo más básico hoy cuesta el doble en unas ciudades que en otras.














