Gustavo Olguín confesó el crimen de su hija de dos meses; el caso, ocurrido en Las Heras, sacudió a la sociedad argentina por su crueldad.
La justicia de Mendoza ha dictado una sentencia que, aunque no devuelve la vida, cierra un capítulo de horror e impunidad. Gustavo Ariel Olguín Ormeño fue condenado a prisión perpetua tras admitir ser el autor del asesinato de su propia hija, Emma, una pequeña de apenas dos meses de edad que fue víctima de una violencia inexplicable en agosto de 2023.
Ante la contundencia de las pruebas y para evitar el juicio por jurados que ya estaba programado, Olguín decidió confesar su responsabilidad frente a la jueza Mónica Romero. El veredicto fue tajante: culpable de homicidio agravado por el vínculo y alevosía, una de las penas más severas contempladas en el código penal.
Un rastro de dolor que no se pudo ocultar
La tragedia de la pequeña Emma comenzó a salir a la luz la madrugada del 13 de agosto del año pasado, cuando ingresó en estado crítico al Hospital Notti. Fue su madre quien pidió auxilio al notar que la bebé apenas podía respirar. Sin embargo, lo que los médicos encontraron fue mucho más desgarrador que una enfermedad:
- Signos de maltrato: Desde el primer minuto, el personal de salud detectó lesiones que gritaban violencia física, activando de inmediato el protocolo de protección y la intervención policial.
- Dos días de agonía: A pesar de los esfuerzos del equipo médico por estabilizarla, el cuerpo de Emma no resistió la gravedad de los daños y falleció 48 horas después.
- Polémica judicial: Mientras el padre enfrenta ahora el resto de sus días tras las rejas, la madre de la menor fue sobreseída por la justicia, una decisión que sigue generando debates y opiniones divididas entre la opinión pública mendocina.
Un llamado a la conciencia
Este caso no solo termina con una condena, sino con una herida abierta en la comunidad de Las Heras. La muerte de Emma es un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de los más pequeños y de la necesidad urgente de denunciar cualquier señal de maltrato infantil antes de que sea demasiado tarde.
Hoy, Mendoza respira un poco de justicia, pero el nombre de Emma queda grabado como un símbolo de la lucha contra la violencia intrafamiliar.













