Al final siempre no. La Secretaría de Educación Pública decidió recular y mantener las clases hasta el 15 de julio, cancelando cualquier plan de adelantar las vacaciones. Esta noticia cayó como un balde de agua fría para quienes ya estaban haciendo maletas, esperando librarse pronto del sofocante calor actual.
La autoridad educativa prefirió no arriesgar el aprendizaje de los alumnos y cumplir con los días marcados originalmente en el calendario. Aunque se habló mucho sobre la logística por el mundial y las altas temperaturas en el norte, la orden nacional es clara: nadie se va antes de la fecha.
Esta decisión ha generado opiniones divididas entre los padres de familia y los maestros de la región. Mientras unos agradecen que se aproveche el tiempo en el aula, otros se preocupan por el bienestar de los niños que deben tomar clases en salones que a veces no están preparados.
Por ahora, toca sacar el abanico y armarse de paciencia para aguantar estas últimas semanas del ciclo. No hubo milagro escolar y el compromiso académico pesó más que el descanso anticipado. Las escuelas deberán seguir operando con normalidad hasta que llegue oficialmente el esperado corte de mediados de julio.













