El gobierno estadounidense acepta por primera vez la urgencia de reducir el consumo interno y frenar el tráfico de armas hacia México.
En un giro que la presidenta Claudia Sheinbaum calificó como un avance diplomático histórico, el gobierno de los Estados Unidos ha integrado en su nueva Estrategia Nacional para el Control de Drogas dos pilares que México ha exigido durante años: el combate al consumo interno y el control del tráfico de armas que cruza hacia el sur.
Durante la conferencia matutina, se presentaron cifras contundentes que explican este cambio de postura: el país vecino reconoce enfrentar una crisis de salud pública sin precedentes, con 73.6 millones de personas que han consumido drogas ilícitas en el último año. Esta admisión marca un antes y un después, pues traslada parte de la responsabilidad de la oferta a la demanda masiva que alimenta a los grupos delictivos.
“Nos escucharon. No es solo preguntar qué hará México para que no entren drogas, sino qué harán ellos para que no haya tanto consumo y para que dejen de pasar armas hacia acá”, subrayó la mandataria.

Cooperación sin confrontación
Sheinbaum fue enfática al señalar que, aunque existan diferencias naturales, su administración busca una relación de respeto y coordinación con Washington. La estrategia mexicana sostiene que mientras el consumo en EE. UU. se mantenga en niveles tan altos (con un 25.5% de su población involucrada), el incentivo para los grupos criminales seguirá vigente.
Al incluir la disminución del consumo y el rastreo de armas en su agenda oficial, Estados Unidos valida la visión de México sobre la corresponsabilidad en la violencia que afecta a ambos lados de la frontera. Para la jefa del Ejecutivo, este diálogo bilateral es la clave para desmantelar las estructuras delictivas mediante una estrategia de inteligencia y prevención, alejándose de los choques mediáticos que, asegura, solo buscan sus opositores.














